Compártelo
lo
que quiera que sea, compártelo,
por
que compartir es neutralizar la soledad espinosa que a veces crece en
el árbol de la soledad Reveladora.
No
es cuestión de dar justo en el clavo, pero puede que temprano o
tarde la empatía haga brotar a su momento, las necesarias
sincronías, esas que nos recuerden las olvidadas notas de la sublime
sinfonía, tan perdida como anhelada.
Recordarnos
unos a otros que somos los verdaderos maestros de esta Obra, es
regresar al lugar donde los ojos se abren.
Ha
ocurrido siempre. Hoy vuelve a ocurrir.
Nos
perdemos por el solo placer de reencontrarnos.
Aquí
de nuevo, entonces; los polos se relajan, si, asi, poco a poco... era
hora de un descanso.

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